Soy Camilo Lugo, psicólogo clínico de orientación psicoanalítica. Acompaño a personas que atraviesan momentos de dolor, confusión o crisis personal, ayudándolas a encontrar un espacio donde puedan detenerse, escucharse y darle sentido a lo que viven.
En mi consulta no busco ofrecer respuestas inmediatas ni eliminar el síntoma de manera apresurada, sino propiciar un encuentro en el que la palabra permita comprender lo que sucede y darle un lugar al dolor. Cada historia es distinta, y por eso la terapia se construye a tu ritmo, con respeto y sin juicios.
Atiendo casos de ansiedad, depresión, angustia, ataques de pánico, duelos, crisis existenciales, estrés laboral, conflictos familiares o de pareja, y también a adolescentes, o a quienes simplemente sienten que algo no encaja o se preguntan por qué ciertas situaciones se repiten una y otra vez.
Si algo de esto te resuena, podemos conversar y dar comienzo a un proceso que te permita encontrar tu propio modo de estar en el mundo.
¿Qué diferencia ofrece una terapia de orientación psicoanalítica?
Un proceso terapéutico de orientación psicoanalítica no se limita a aliviar el síntoma, sino que busca comprender qué lo origina y qué intenta decir de la historia de quien lo padece.
El malestar, la angustia o el sufrimiento no son vistos como enemigos a eliminar, sino como mensajes del inconsciente que, si se escuchan con atención, pueden abrir caminos para transformar nuestra manera de vivir y de relacionarnos.
Este tipo de terapia nos invita a cuestionar nuestras certezas, a mirar de otro modo lo que parece repetirse sin sentido y a pensar en lo que hacemos, sentimos o deseamos, más allá de la inmediatez con la que solemos buscar respuestas. No se trata de “superar” o “borrar” lo que duele, sino de darle un lugar, de entender qué papel ocupa en nuestra vida y qué intenta decirnos.
En este proceso, la palabra se convierte en una herramienta esencial: al hablar, algo de lo que parecía confuso puede empezar a ordenarse, a tomar forma, a hacerse pensable. Así, poco a poco, surge la posibilidad de actuar y decidir desde un lugar distinto, menos determinado por lo que se repite o por las expectativas de los demás.
El análisis no ofrece recetas ni caminos preestablecidos, sino un espacio donde cada quien pueda pensarse, reconocerse y responsabilizarse de su propio deseo.
Es un trabajo que toma tiempo, pero que abre la posibilidad de vivir con mayor libertad, autenticidad y coherencia con uno mismo.